"BUSCA LA SIMPLICIDAD Y DESCONFÍA DE ELLA" (ALFRED NORTH WHITEHEAD)
¿es este siempre un buen consejo para el sujeto que conoce?
Fotografía por Richard Carver Wood
El sujeto de conocimiento encamina su búsqueda hacia la verdad, hacia la naturaleza de las cosas, la realidad. Esta denominación ya es utilizada por Descartes (1596-1650) en su frase: “Para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible de todas las cosas". Esta búsqueda está presente en muchas disciplinas, especialmente en las de carácter científico donde se pretende dar respuesta a los misterios del Universo.
La propia concepción del ser humano, como sujeto, dotado de curiosidad e intuición ha hecho que a lo largo de la historia se hayan abordado las diferentes cuestiones que se le han presentado y se haya avanzado en el conocimiento. Según ha evolucionado la ciencia las concepciones han ido cambiando, las teorías se han ido completando y acercándose cada vez más a una verdad mayor. A veces simplificándose como sucedió tras casi 2000 años entre el modelo planetario de Aristóteles que constaba de 55 esferas y el modelo de Galileo, mucho más simple. Otras veces se ha sucedido el paso contrario, como en el caso del paso de la Física clásica a la Física cuántica y a la Teoría de la Relatividad, cuyas leyes aunque mucho más complejas se ajustan mejor a las de la naturaleza. En este sentido vemos que teorías, como las leyes de Newton (1687), que en cierta época fueron consideradas como verdades absolutas, con el desarrollo de la ciencia se ha demostrado que no son más que aproximaciones válidas para la escala humana. La utilidad para dar respuesta y realizar predicciones acertadas del modelo de Galileo o las leyes de Newton hace que hayan podido considerase como verdades puesto que por entonces constituían la mejor respuesta.
La ciencia del siglo XX ha sacado a la luz el hecho de que en ocasiones ni siquiera es posible llegar a la verdad sino que solo podemos aproximarnos a ella. Tal aproximación se realiza a través de las ciencias físicas y de las matemáticas, ciencia por excelencia, a la que se intentan derivar las demás. Aquí hay que tener en cuenta los límites del conocimiento, impuestos por la propia imposibilidad humana de abarcarlo todo y los límites en la observación (Principio de Incertidumbre de Heisenberg [1] (1927)), que es en sí el sustento de las ciencias físicas. Las matemáticas cuentan con otro límite impuesto por el Teorema de Incompletitud de Gödel [2] (1930), que establece que en todo sistema axiomático formal existen aseveraciones cuya verdad o falsedad es imposible decidir.
En términos absolutos resulta paradójico asignar a algo permanente que son las leyes del Universo una característica, la simplicidad, que varía con el tiempo y es relativa al ser humano. El desarrollo mismo de la inteligencia humana ha hecho que cuestiones que en un pasado resultaron complejas de entender para la mente humana hoy se muestren como algo asequible y simple, por el mismo hecho de que haya aumentado su capacidad. Por ejemplo, cuando fueron determinadas las leyes de Newton (1687) estas solo eran entendidas por muy pocos estudiosos, mientras que ahora estas leyes forman parte de los temarios escolares. A su vez el principio cosmológico quita importancia a nuestra situación en relación con el Universo y nos deslocaliza del centro de todas las cosas como se ha ido desechando entre otras nuestro lugar central en el Sistema Solar. La extensión del espacio-tiempo del Universo hace que se cuestione igualmente la importancia del ser humano como único ser racional haciendo que si bien las leyes del Universo tienen que ser consistentes con la existencia del ser humano (principio antropológico), las mismas leyes no han de basarse exclusivamente en la existencia del ser humano, y por ello tampoco en un concepto relativo al mismo como lo es el de simplicidad. Al igual que se desechó nuestra primacía como planeta es muy probable [3] que no se tarde en desechar nuestra primacía como especie.
La verdad se puede entonces estructurar en verdades prácticas y verdades teóricas. Las verdades prácticas, son verdades parciales, en las que se pueden despreciar ciertos matices haciendo que resulten más simples y más asequibles para la sociedad en general. Por otra parte las verdades teóricas tienen como fundamento el rigor y por tanto muchas veces son sinónimo de complejidad, haciendo que su compresión se limite a los estudiosos.
En el marco práctico se aplica otro principio conocido como navaja de Ockham (siglo XIV), que enuncia que “en igualdad de condiciones la solución más sencilla es probablemente la correcta” [4]. Esto significa que “si uno se encuentra en una ciudad y escucha galopar, probablemente se trate de caballos o cebras, pero se debe optar por considerar que son caballos”[4]. La navaja de Ockham no quiere elevar una teoría frente a otra, ni siquiera es una recomendación acerca de que las teorías simples son más válidas. Su sentido es que en igualdad de condiciones sean preferidas las teorías más simples, otra cuestión son las evidencias que respalden cada teoría. Esta simplicidad es bien vista, por ejemplo, en la teoría del comportamiento del consumidor en economía o en la creación de sistemas y programas en informática.
En este sentido vemos que la búsqueda de la simplicidad, atiende a un consejo de acuerdo a las ventajas que acapara lo simple, como lo son su accesibilidad, su manejo y su facilidad para enunciar y comprender. Como dijo Einstein “a duras penas se puede negar que el objetivo supremo de toda teoría es convertir a los elementos básicos en simples y tan pocos como sea posible, pero sin tener que rendirse a la adecuada representación de un sólo dato de la experiencia” (1934). En este camino actualmente se pretende unificar la teoría cuántica y la teoría general de la relatividad bajo la teoría de cuerdas, principal alternativa, resolviendo las confrontaciones entre ambas.
La desconfianza añadida a la frase de Whitehead “…y desconfía de ella” se aplica en mayor medida a la verdad teórica y completa perfectamente la cita. El espíritu humano le cierne a la esperanza de que las leyes del Universo sean en sí bellas [5], cosa que puede cegarle en el camino del conocimiento. Pero ¿qué nos hace pensar que el Universo es en sí bello y ordenado, en vez de complejo y caótico? [6] Como se ha visto la búsqueda de la verdad no ha de equipararse a la búsqueda de la simplicidad, al igual que las evidencias nos muestran comportamientos caóticos, donde está presente el azar, y las estructuras fractales. Como dijo Benoît Mandelbrot, padre de la geometría fractal, “ni las nubes son esféricas, ni las montañas cónicas, ni las costas circulares, ni la corteza suave, ni tampoco el rayo es rectilíneo” [7]. Del mismo modo las constantes que rigen nuestro Universo son en su mayoría números feos [8], lo cual puede sugerir una teoría, la de los multiversos. En ella nuestro Universo no es más que una concepción probabilística de un conjunto infinito de Universos en que se dan todas las posibilidades, por ejemplo.
Preferir una teoría que se haya en función del menor número de causas parece práctico. ¿Pero, existe algún motivo para pensar que una teoría así tiene más posibilidades de ser cierta que una teoría menos simple? Y es que como se ha visto, las teorías científicas están en continua revisión, si bien son muchas las preguntas abiertas en este ámbito. Como dijo Ylia Prigogine (1917-2003):
[7] MANDELBROT, Benoît: LA GEOMETRÍA FRACTAL de la naturaleza, Clotet-Tusquet, Barcelona, 1997, pag. 15
[8] Se entiende por número feo aquel que no destaca frente a los demás, que lleva en su representación geométrica implícita la idea de fractura y no tiene características que lo hacen especial, como en el caso de los valores de las masas de las partículas elementales (para el bosón W una masa de 80.4GeV/c² y 91.187 GeV/c² para el bosón Z). Opuestamente se sitúan los números enteros y dentro de ellos los números cuadrados o los triangulares, ideales de los Pitagóricos. De la misma forma opuestos a las figuras geométricas consideradas convencionalmente como bellas, polígonos y poliedros regulares, se encuentran los objetos fractales, mucha más propios de nuestro mundo.

















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